¿POR QUÉ SOY FOTÓGRAFO?

O DE COMO, CASI SIN DARME CUENTA, TERMINÉ SACANDO FOTOS.

No recuerdo exactamente qué edad tenía pero probablemente alrededor de ocho o nueve años. Vivía en Cuba y en un comercio cercano a casa vendían cámaras y accesorios para fotógrafos. Expuesta en la vidriera había una cámara de baquelita negra y aluminio, con un estuche brillante y como casi todo lo que se vendía en Cuba en ese momento, fabricada en la Unión Soviética. Costaba 28 pesos, me parecía la cámara más linda del mundo y cada vez que podía pasaba a verla al volver de la escuela.

Mi primer cámara de fotos

Me llevó una eternidad juntar la mitad del dinero necesario para comprarla y finalmente logré que mis viejos completaran la diferencia.  Aún recuerdo el placer que me provocó tenerla y el orgullo de propietario que sentía con la cámara colgada al cuello.

Con mama y mis hermanos en Mexico

Unos años más tarde nos mudamos a Bolivia, y la cámara viajó conmigo. Mi padre, fotógrafo de profesión, montó en casa un laboratorio blanco y negro y me invitó a participar del revelado.  El proceso me fascino, el laboratorio B&N es mágico.  Se pone una hoja de papel en una ampliadora y se proyecta una imagen, se sumerge esa hoja en un líquido transparente con un olor bastante peculiar y a los 30 segundos la magia ocurre. En ese cuarto iluminado de rojo veía surgir imágenes y de tanto en tanto lograba colar alguna de las mías.

Ana, Pedro y yo (a la izquierda) con Fleck en La Habana, Cuba

VOLVIMOS A URUGUAY AL TERMINAR LA DICTADURA Y COMENCÉ A ACOMPAÑAR A MI VIEJO CADA VEZ QUE PODÍA.

De a poco logré que comenzara a prestarme su equipo mientras me inscribía en cursos de fotografía.  Seguí sacando fotos como hobbie todavía en el debate entre estudiar historia o arquitectura.

Mi viejo en los noventa.

Mi primer trabajo como fotógrafo profesional fue casi una sorpresa.  Monté una exposición, me ofrecieron trabajar para la revista Posdata y luego de unos años pase a la agencia Reuters. Durante este tiempo las cámaras se han tornado más pesadas y mucho más costosas. La tecnología que encierran ha evolucionado de manera extraordinaria y cada una me resulta más linda que la anterior.  Salvo excepciones, el revelado ya no existe entre profesionales y el proceso quedó relegado a fotógrafos nostálgicos o amateurs.  Yo no lo extraño.  Hace años descubrí que la verdadera magia radica en saber ver, y que la maravilla de ser fotógrafo es que no necesito cámara para ser.

Tras más de 20 años como profesional y después de cubrir mundiales, elecciones, cumbres presidenciales, crisis económicas y muchas bodas la fotografía se mantiene como parte integral de mi vida y me define.  Camino por la calle y miro.  Veo en colores, en luces y sombras, en contrastes. Abstraigo detalles, me agacho y me muevo para excluirlos o incluirlos. Provoco contraluces y pienso como iluminar o capturar tal o cual imagen.  Juego y me divierto y tengo la bendición de que mi trabajo, además de mi trabajo, es mi hobbie y mi disfrute.

 

Andrés Stapff, fotógrafo.

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